Sexualidad y felicidad

La sexualidad es una gran protagonista en nuestras vidas y debido a su importancia debemos cultivarla y cuidarla para que la misma nos devuelva los frutos de lo que está dotada: placer y felicidad.

Cada vez son más los estudios y estadísticas que indican una estrecha vinculación entre la actividad sexual del hombre y la mujer con la sensación de felicidad en la vida, indicando que los que practican sexo con mayor regularidad declaran tener mayor felicidad en su diario vivir.

Pero, también es importante aclarar que no cualquier clase de sexo proporciona placer y felicidad, sino que tiene que lograrse un clímax adecuado entre las dos personas que participaran para conseguirlos.

Al intervenir dos personas en el acto sexual, cada una de ellas tiene una manera particular y subjetiva de disfrutar la sexualidad y es importante que estos gustos se tengan en cuenta a los efectos de conseguir el placer mutuo.

Los actos previos o juegos sexuales como se conocen popularmente, son muy importantes para que ambos participantes se conozcan más íntimamente e intercambien sus gustos sobre los lugares sensibles que los exciten y que elevan las ganas de tener sexo, preparando a los órganos directamente involucrados.

Si bien los juegos eróticos previos son en principio un medio a través de los cuales conseguir el objetivo de un acto sexual pleno, muchas veces toman una importancia tal, que se convierten en el centro del acto sexual. El placer que muchos participantes consiguen en estos juegos previos, los lleva a obtener orgasmos o eyaculaciones sin necesidad de penetración.

Dentro de estos juegos sexuales, que teóricamente preparan a los participantes del acto sexual para llegar juntos al orgasmo final, se encuentran los besos en diferentes partes del cuerpo, caricias en lugares especialmente sensibles, abrazos, masajes y hasta el llamado sexo oral, que se puede considerar la realización de una estimulación de los órganos sexuales a través de la boca y la lengua.

Los mismos amantes deben ir controlando la evolución de estos juegos eróticos, de manera tal que entren en un estado de placer sin llegar al orgasmo final. Este control se hace difícil muchas veces porque la parte emocional puede superar a la parte racional y uno de los participantes puede olvidar al otro y seguir sólo hasta el final. Obviamente, no es lo ideal ya que la intensidad del placer no es mutuo y uno de ellos puede quedar insatisfecho.

El observar que el amante goza de los estímulos que realizamos en él produce también un aumento de placer en nuestro propio cuerpo y de esta manera sentimos que hacemos feliz a la pareja con nuestros estímulos. Se genera lo que puede llamar una sinergia entre los participantes de acto sexual.

Por lo general las mujeres necesitan un tiempo mayor de estimulación para llegar al orgasmo, por lo cual el hombre debe tratar de prolongar los juegos previos a la penetración para lograr llegar juntos al mismo. El clítoris es claramente, el punto más sensible del sexo femenino y la estimulación del mismo es clave para lograr un placer integral en el acto sexual.

Todo lo dicho con anterioridad, deja por entendido que el logro de un mayor placer en el acto sexual, supone una intensa comunicación entre los amantes como elemento imprescindible de este estado de felicidad. Sin esa comunicación y sin el pensamiento de una relación de goce mutuo es difícil conseguir los placeres que la sexualidad permite.

Puedes encontrarme en Twitter: @vickyty

Autor: Vicky Brooks
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