El Rey León. El musical

Y, entonces, me doy cuenta que en medio del caos en el que esta sociedad anda sumergida hay grandes oasis donde respirar y beber de creatividad e ilusión.

En este caso, en el Teatro Lope de Vega, en plena Gran Vía de Madrid.

Y se hizo la sabana africana tras el grito y tambores que hacen que abras los ojos como si fueras un niño. Y empiezas a serlo.

Todo se empieza a mover mientras el tiempo parece pararse. Jirafas, cebras, leones, gacelas, un enorme elefante y un leopardo que son personas con atuendos que parecen salidos de un sueño.

Todos nos sabemos la historia del pequeño Simba pero encuadrarla en un escenario que por muy grande que sea, que lo es, me lleva a pensar y creer que sí, que dentro de la cabeza de las personas se tejen cosas maravillosas.

Y es que una estampida de búfalos en unos cuantos metros cuadrados es una gran razón, con muchas más de ir a ver este espectáculo sin necesidad de unas gafas 3D. Y aseguro que vi el polvo propio que se levanta a la carrera de animales.

Y es que aunque se trate de una trama más que conocida quieres ver si el vestuario y la caracterización de los artistas te llevan a lo que una vez te sorprendió y emocionó en la gran pantalla. Y así es y más que eso.

Los trajes, máscaras, coreografías, música… Todo late y algo que sale del corazón siempre tiene éxito…o debería.

Por algo este musical lleva acumulados tantos premios (Tony, Grammy, entre otros).

Si tengo que poner un “pero” es que habrá quien se quede sin verlo pues poniendo en la balanza tres horas de diversión frente a meriendas, ropa y algún juguete para sus hijos se entiende la inclinación de la misma a lo razonable.

Y que no se malinterpreten mis palabras porque el arte y el esfuerzo se pagan pero un cubo de palomitas del Rey León equivale a una entrada de cine.

¿Recomendarlo? Por supuesto y con presupuesto.

Montse Genís

Autor: Montse Genís
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