El Nocilla Project y la enésima generación

Dicen que el escritor gallego Agustín Fernández Mallo es el padre de la Generación Nocilla, del mismo modo que algunos afirmaron hace ya mucho tiempo que el francés Cézanne engendró el cubismo. En ambos casos, el supuesto padre ni siquiera considera - ni mucho menos pretendía –  haber fundado una corriente nueva a la que posteriormente se hayan ido añadiendo nuevos miembros o, siendo consecuentes con la metáfora, hijos de un mismo progenitor. A decir verdad, muchos de los escritores a los que han incluido en ese colectivo aseguran no ser conscientes de esa supuesta colectividad, entre ellos Jorge Carrión o Germán Sierra. El propio autor gallego, por su parte, niega la existencia de un grupo que se escude bajo la protección de ese título tan eminentemente comercial y, de hecho, otros autores como Fernández Porta lo rechazan deliberadamente. Reconocen, eso sí, unas mismas preocupaciones, fruto de un contexto muy concreto y una situación social y cultural común. Dice el autor catalán, en este sentido, que se trata en realidad del afterpop, precisamente el título de uno de sus ensayos más influyentes. Según éste, decíamos, los artistas nacidos en la década de los 70 comparten unas mismas inquietudes que se traducen en una estética parecida. A grandes rasgos, hablar de afterpop es hablar de una literatura que se adapta a la era digital, un momento donde el posmodernismo ya ha existido y ha muerto, una literatura que huye de los convencionalismos y se aleja de los grandes temas. Se desmarca al mismo tiempo del encasillamiento de los géneros, trasciende, y en definitiva derriba los muros que antes los separaban. A pesar de todo, y si bien esta supuesta corriente aboga por la creación sin norma ni restricción, nos encontramos de nuevo con el adoctrinamiento de terceros, que como viene siendo habitual impone la lógica a la creatividad. Quizás sea la herencia aristotélica de la que es tan difícil desligarse. Tal vez sea un instinto todavía inherente en el hombre, una tendencia natural a viajar de lo general a lo particular. A saber, la seguridad del orden que desemboca en una obsesión por la clasificación. En cualquier caso, parece inevitable que el ser humano establezca unas características comunes dentro de la heterogeneidad de la expresión artística. Y, sin embargo, ¿es Nocilla Project una suerte de manifiesto?

A propósito de la pregunta, sabemos que se habla de una Generación Nocilla al menos desde 2004, aunque Fernández Mallo no publicó la primera parte de esta trilogía hasta el año 2006, cuando salió a la luz Nocilla Dream de la mano de la editorial Candaya. Más adelante, Alfaguara se hizo con los derechos de la obra, e incluso hoy día existe una edición que aglutina las tres partes. En efecto, las tres entregas son totalmente distintas entre sí pero a la vez muy similares, lo que seguramente ha facilitado la posibilidad de juntarlas en un mismo libro. Son distintas por el argumento de sus narraciones, por sus personajes, incluso por su escenario. No obstante, comparten el gusto por la fragmentación, la inclusión de textos ajenos y, por ejemplo, la brevedad de los capítulos. Además, las tres obras se construyen entorno a diferentes historias que van entrelazándose y que no necesariamente están interconectadas, aunque en ocasiones eso es precisamente lo que sucede. Así, el autor comparte con el lector pequeñas epifanías y plantea problemas que quizás en el futuro se solucionen, aunque en ningún caso daremos con un final cerrado. Ocurre algo parecido con Google, sucede lo mismo con Youtube. En los dos casos, el consumidor puede viajar de un lugar a otro del mundo en cuestión de segundos, leer un artículo acerca de la última final de Champions League e inmediatamente después observar un video donde unos chimpancés pigmeos practican sexo en comunidad, entre las ramas de un árbol frondoso del Congo. Así es exactamente cómo funciona la obra de Fernández Mallo. En resumidas cuentas, éste cultiva lo que se conoce como zapping literario, que consiste básicamente en la fragmentación de varios textos que aparecen y desaparecen y que, siguiendo el propio criterio del internauta, pueden o no terminar en ese instante, intermitentes como una tormenta de verano. Por otro lado, y como ya habíamos avanzado anteriormente, el autor incluye textos ajenos que igualmente forman parte de ese entresijo de identidades y lugares tan dispares, y que además recuerdan al concepto duchampiano del ready-made. He aquí una de las herencias del posmodernismo: el reciclaje, la re-significación, la poesía existente en artilugios a priori no-poéticos. Sean producto de la imaginación o no, los diferentes relatos contribuyen a esa visión poética del mundo, donde todo parece estar conectado de un modo u otro, donde la acción inocente de un individuo puede tener consecuencias más o menos afortunadas al otro lado del planeta. Como en Internet, se trata de una avalancha de información que requiere la intervención de un receptor (un lector en este caso) que se encarga de otorgarle sentido a un todo fragmentado y a priori inconexo.

En efecto, la narración está regida por la velocidad y la globalización (o viceversa), algo que, por supuesto, es consecuencia directa de un mundo gobernado por la red. Decíamos anteriormente que Nocilla Project se considera parte del afterpop, un proyecto que nace en el seno de una sociedad entregada a internet. Hasta el momento, parece que puede afirmarse que la relación entre corriente y obra existe. No obstante, y en otro orden de cosas, el término afterpop tiene además otra connotación; se refiere, al mismo tiempo, a una literatura que no distingue la alta cultura de la popular, una evolución del movimiento pop que seguramente representa mejor que nadie el artista Andy Warhol. Llegados a este punto, uno se pregunta si la obra de Fernández Mallo también cumple este requisito, si de verdad es el supuesto padre de una generación. Lo cierto es que los personajes que aparecen en sus páginas son individuos que no pertenecen a una élite y que, por tanto, forman parte de lo que consideramos sector popular. Dentro de ese mundo creado por el autor, es habitual toparse con elementos relacionados con ámbitos de muy diversa índole y que también se consideran parte de la cultura pop; tal es el caso de la música, el juego del parchís o el cine. Paralelamente, se habla de física, química, de ciencia en general, lo que supone un contrapunto con lo popular. En pocas palabras: se elimina el rasero, todo vale siempre y cuando exista una justificación.

Así las cosas, deberíamos aceptar que, de nuevo, la obra del escritor gallego se corresponde a lo que se le presupone como manifiesto del afterpop. Tal vez, y aunque los propios artistas no lo deseen, ser artista conlleva intrínsecamente pertenecer a una corriente o un círculo. En cualquier caso, si lo que pretendíamos era discernir si existe o no existe la Generación Nocilla, no nos queda más remedio que aceptar que Nocilla Project cumple con el hipotético perfil. De todas formas, creamos en las corrientes literarias o no, sean intencionadas o no lo sean, lo que es indudable es que el hombre (y por ende el artista) es él mismo y sus circunstancias. Y, es evidente, puede ocurrir que diversos artistas compartan esas circunstancias en más o menos medida y que ello influya inevitable y decisivamente en su forma de entender la creación. Tal vez las generaciones son la consecuencia de un sentir muy extendido, de una forma de entender las cosas directamente afectada por lo que ha ocurrido en el mundo. Y, a la postre, siempre hay alguien que siente la necesidad de dotarlas con un nombre.

Jordi Juncà

Autor: Jordi Juncà

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