Aprender a discutir, aprender a pensar

Discutir es visto en muchas ocasiones como lo opuesto a algo constructivo. Más, aún, en el ámbito educativo, en el que demasiado a menudo el desacuerdo se equipara con la indisciplina. Por el contrario, la discusión, siempre guiada por unos cauces y entendida como una herramienta útil para intercambiar opiniones y conocimientos, puede resultar provechosa como instrumento didáctico dentro del proceso de aprendizaje. Aprender a discutir es también aprender a pensar.

Las ventajas de recurrir a la discusión y el debate en las aulas están probadas desde hace años. Entre ellas destacan las siguientes:

- En el caso de debates entre grupos, enseña cómo repartir y delegar funciones con los compañeros de equipo.

- Fomenta la moderación y la búsqueda de consensos con la otra parte.

- Muestra la importancia de respetar a los demás, aunque no se compartan sus pensamientos y opiniones.

- Enseña a  los alumnos a manejarse en un marco reglamentado de normas similar al que se encontrarán fuera de las aulas.

- Obliga a reflexionar sobre los propios argumentos y a planificar una exposición para que resulte coherente y comprensible, tanto para el oponente como para el público.

- Agudiza la comprensión de los argumentos que expone la otra persona, ya que exige una pronta respuesta.

- Mejora la oratoria y, en general, la capacidad de hablar en público.

Para que la discusión sea constructiva, el docente debe permanecer atento para que evitar ciertos comportamientos que pueden resultar perjudiciales y provocar el efecto contrario al que se busca. Entre ellos, que los alumnos recurran a descalificaciones de cualquier tipo, en especial personales, o que el debate derive en una búsqueda, exclusivamente, de ganar la conversación a toda costa. Aunque siempre debe tener la última palabra a la guiar el debate o sancionar actitudes, para enseñar el valor de la moderación es aconsejable que sea también un alumno o varios, en lugar del mismo profesor, el que ejerza el papel de árbitro.

Si la conversación deriva hacia temas ajenos al planteado será responsabilidad del moderador encauzarla realizando un pequeño resumen de lo tratado y planteando alguna pregunta sobre el tema o los temas originales de discusión. También es una buena idea que el tema de disputa responda siempre a un interés de los alumnos, no que resulte impuesto por el profesor.

La discusión está muy relacionada con la capacidad de generar un discurso, algo que solo es posible cuando el alumno ha interiorizado unos conocimientos y los ha sometido a su criterio crítico. Por ello forma parte de las estrategias de aprendizaje que inciden en motivar al alumno y favorecer su iniciativa personal, como el coaching educativo.

Hasta ahora hemos hablado de la importancia de la discusión sobre los propios conocimientos que se imparten en el aula, pero también es positivo el debate acerca de asuntos de actualidad. Éstos tienen una implicación directa en el día a día de los estudiantes, que se verán implicados emocionalmente con ellos. Ello obligará a una reflexión profunda sobre el tema en cuestión, pero además servirá para fomentar una actitud crítica hacia la realidad y hacia los diferentes actores sociales que defienden posturas opuestas en público.

En la discusión y el debate cobran especial importancia la presentación de datos y estudios que avalen los argumentos, algo en lo que el profesor debe poner especial énfasis. De esta forma, los participantes aprenderán a seleccionar fuentes como estudios, bases de datos y medios de comunicación para reforzar sus manifestaciones.

Uno de los ejercicios más recomendables para sacar partido a la discusión como instrumento didáctico es el de formar grupos y hacer que encuentren argumentos tanto a favor como en contra del tema de debate, de tal modo que se desarrolle aún más la capacidad de armar un modelo de discurso que sea válido. El debate, por tanto, empezará dentro de cada equipo, por lo que enseñará a pactar acuerdos y llegar a conclusiones.

Por Blogeduca

Autor: Blogeduca
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