La aventuras de Susi

Escena primera: Yo soy así.

Me llamo Susi y soy una ameba al uso.

Un golpe de suerte en forma de estrés postraumático quiso que mi madre, una protista de tipo moho con marcado carácter ciclotímico, entrase en modo drama queen y segregase un torrente de adenosín monofosfato a su paso. Y ya saben cómo funciona esto: ¿a dónde va Vicente ? …

 En décimas de segundo habíamos formado las espirales más perfectas de toda la sincronizada seudoplasmódica. Y en el cuarto bucle empezando por la izquierda estaba yo, tan mona con mis seudópodos filosos aplaudiendo extasiados ante la jartá de calcio que nos rodeaba.

Había nacido una ameba.

Las primeras semanas fui feliz. La vida en la comuna era la mezcla perfecta de trabajo duro y un no parar de reír. Haciendo gala de la proverbial velocidad madurativa de mi reino, enseguida intimé con unas cuantas amebillas con las que hacía fiestas pijama hasta altas horas de la madrugada. Y a medida que pasaban los días, se hacían más evidentes las miradas golosonas de los ameboides a este cuerpo fructífero que como quien no quiere la cosa y con mucha celulosa de por medio, me había trabajado.

Pero una necesita estímulos, el subidón de adrenalina propio de la aventura, sentir el romance llamando a tu puerta, qué sé yo. Y hastiada de mover mis seudópodos como la absurda lámpara Mathmos que hipnotizaba a Beats colocados de LSD hasta provocarles queratitis severa por ausencia de parpadeo , empecé a acusar el desasosiego inherente a la inutilidad de mi existencia. O lo que Kundera denominó La insoportable levedad del ser.

Mi carácter se agrió lentamente y cuando quise darme cuenta, la única idea que rondaba mi núcleo era la independencia. Esperé pacientemente, pretendiendo ser una ameba feliz.  Hasta que el día llegó. A otro chaval atontolinao se le cayó la bola de helado en el parque y en medio de una orgía hiperglucémica generalizada,  huí.

 

Escena segunda : Así limpiaba, así, así.           

Hoy hace seis meses que conseguí la ansiada libertad.

Esto de la independencia está muy bien. Fagocito cuando me viene en gana, desalojo mis vacuolas sin sentirme observada y  ejercito las miofibrillas de Pascuas a Ramos. Pero tengo un problema.

Me he enamorado.

Del Chaos. Ni más ni menos.

Como comprenderán no tenemos nada en común. 

Él es un maniático de la limpieza. Tendrían que ver la charca en la que vive, está como la patena. Yo sin mi estercolero y mi putrefacción no soy nadie. Para colmo el tío es nudista. A primera hora de la mañana ya está flotando en el agua con sus todos sus núcleos al aire. Que esa es otra. A ver quién se aclara con tanto núcleo y tanta cosa. Con lo fácil que es tener sólo uno, on y off, triunfo asegurado. Él es viscosete, con la pompa arrugada.

Pero cuando lo veo en su charquita, nadando a mariposa, cambiando su morfología en formas sinuosas … Tienen que entender que la carne es débil y la tentación grande. Y miren que hago un trabajo fino, repito como un mantra que lo nuestro no puede funcionar, que el aburrimiento es muy malo.

Hoy juraría que me ha guiñado un ojo. Y estoy viendo que el día menos pensado me lanzo a la piscina.

 

Escena tercera : Dame veneno que quiero morir.           

Caos y yo hemos decidido que ha llegado el momento de tomar una determinación.

Llevamos seis meses cohabitando civilizadamente en su charca y sentimos que nuestra relación se ha estancado. Los primeros paseos a la luz de la luna, las caídas de ojos, nuestra canción de día y nuestra canción de noche ... Todo eso es muy bonito, pero una ya tiene una cierta edad como para vivir en un cortejo permanente…

Hemos valorado minuciosamente los pros y los contras, que mi Caos es muy de listas. En negro, el estigma social; las amebas no somos gente tolerante. Por otra parte, conseguir adenosín monofosfato cíclico en el mercado negro no es tarea fácil. El riesgo de filtraciones es grande e imagínense que en el momento culminante de nuestro amor se cuela una E. Coli como la copa de un pino y terminamos mi cari y yo en versión prequiste rumbo a un colon desconocido. Mal.

Pero los pros.

Ay los pros.

Como les decía la madurez en nuestro caso se presenta de sopetón y a mí la división asexual no me llama. Creo que la castidad está sobrevalorada.

Yo me veo mucho más arrastrada por un flujo convergente hacia mi chati. Viendo cómo se eriza cada milímetro de mi membrana, con la fosfolipasa a flor de piel, segregando iones de calcio como si no hubiera un mañana.

Será entonces cuando él extienda sus seudópodos y eleve mi presión osmótica hasta puntos insospechados. Inevitablemente explotaremos (añadir a la lista de contras) y nuestro citoplasma se fundirá para dar lugar a un nuevo reino.

Sólo les pido que recuerden, cuando observen este fenómeno extraordinario al microscopio, que el camino de la evolución no se ha recorrido a través del conservadurismo.  Y que el que no arriesga, no gana.

Deséenme suerte.

El Caos me espera.

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