Clase número uno: vodka en el campus

¡Ah sí, el Vodka! Ese nombre te hace sentir muy ruso, pero realmente lo que eres es un “Ruso”, te saca ese “Ruso” que llevas dentro, lo más bajo de tu ser pasará a ser inevitablemente parte de las cañerías que se desplazan por el inframundo de las casas, ¿pregúntale entonces a los hombres topo qué piensan de tu puto Vodka? Sí, suena muy sofisticado a mi parecer cuando te dicen: ¿vamos a beber Vodka? ¡No sea mujercita! ¡Pua, pua, pua, pua! -una mala onomatopeya de una gallina, aclaro-. Ese personaje, ese personaje que bate sus alas para el deleite del público presente, con el fin de provocar en ti ese sentimiento tan propio de los seres humanos, ese sentimiento de no querer demostrar nuestras debilidades más profundas -como no querer beber un día... pfff-, ese sentimiento de no dejar que ese macho alfa se vea cuestionado... pues esos personajes son lo más inconscientes que puede haber en nuestros deplorables círculos sociales, no saben la magnitud de ignorancia que hay en esas burlas, solo con el Vodka... con todas las demás situaciones sigan humillando a sus congéneres... la verdad no me interesa.

 

Y sí, recuerdo que eran las 11 de la mañana, seguro estábamos en una clase muy divertida de la Sede A de la Macarena de la Pontificia Universidad-Cárcel Distrital Francisco, bla, bla, bla. Donde los presos menos afortunados pasarían cinco o hasta más años de sus vidas fingiendo que van a instruirse juiciosamente para educar a los jóvenes que serán el futuro del país, país, pis, quiero hacer pis, pis y país que similar, qué mágica la lingüística... bueno en fin... sí, los “profes”, ah qué gremio tan decadente y cínico, porque la verdad todo es un pretexto para ir no solo con el fin de destruir las mentes de sus víctimas en el momento del grado, sino que primero irán al “campus” de la circunvalar a dinamitar las pocas neuronas que conservan sus cerebros alienados por un malentendido compromiso social. Para ese momento del día ya era el cumple de “Jairito” y la idea era realizar un agasajo descomunal en el cual no solo quedaría claro que íbamos a celebrar su onomástico real sino que íbamos , de paso, a asesinarlo a causa de una intoxicación de un nivel que solo podrían determinar en Medicina Legal -¡Saludos a los amigos de Medicina Legal! ¡Gracias por hacer posible esto!

 

¡Ah!, ¡qué forma tan monumental de usar el Vodka!, por alguna extraña razón queríamos tomar Vodka, queríamos sentirnos refinados, mientras morboseábamos a lo poco apetecible que se cruzaba por nuestras infames miradas en distintos puntos estratégicos del “Campus”, me encanta decir Campus, es como pensar que estudié una carrera de verdad, ah qué lindo se siente: ¡Campus! ¡Bueno ya! El punto es que adivinen quién era el encargado de esta misión... ¡Cha chaaaaaan! El tipo más maduro y coherente de este grupo de honorables colegas sedientos de destrucción..., y lo que se pasara por delante de nuestros ojos. -Listo viejo Diego cómprese el Absolut en San Andresito y un litro de Miller- Lo sigo pensando, algo me dice que no éramos tan refinados como pensábamos, bueno en unas horas eso se comprobaría con lujo de detalles, todo tipo de detalles...

 

¡Pero momento! Había un detalle que hacía que la misión no fuera tan sencilla como se veía inicialmente ¿Por qué? Bueno, les voy a contar también. Ser un joven con tendencias neuróticas desde una temprana edad ocasionó que de forma abrupta e inexplicable, este personaje irascible sufriera en esta etapa de su temprana y cuestionable adultez de una enfermedad conocida técnicamente como “Alopecia”... ¡me estaba quedando calvo, maldita seaaaa! -después de golpear algunas paredes, con mi cabeza, obviamente, lo entendí, lo asimilé y lo superé-... -¡Calvo! ¡Las güevas!, primero que me decapiten a pasar por esta vergüenza, las chicas, las “cheketas”, qué pasará con ellas si me quedo calvo, ¡ni mierda! Esos buitres no se quedarán con ellas, ¡todas son mías! ¡Jueputa!- Bueno, así como lo asumiría cualquier mortal en sus cinco sentidos, así lo asumí, con la altura que se merece la solución a este inconveniente.

 

-Doctor, ¿entonces la única forma es con inyecciones en las zonas afectadas?, ¡bueno! ¡calvo no me quedo hp! ¡qué pena doc! Y con el paso de los días, de donde quedaban solo cenizas y polvo renació el fruto capilar como el fénix que renace de sus cenizas ¡sí, era un milagro de la ciencia! Todos los viernes, durante un mes, como siempre efectuando rituales que le dan sentido a nuestra existencia, así, así fue, algo sagrado, y eso que eran los viernes por la tarde, la hora predilecta para comenzar otro ritual, pero de destrucción cerebral, y en muchos casos corporal, y en algunas ocasiones que todos lamentamos, hasta coprológicos.

 

Toda la felicidad inconsciente del momento en que reuníamos con sevicia y sensación de triunfo se cortó en unos segundos como si fueras en una gran avenida y un motociclista capitalino se te cruza con una maniobra inconcebible y tienes que frenar en seco después de ir a 180... el tratamiento no había terminado, o en teoría no había terminado, mejor dicho...no había terminado... -¡Ah todo bien! El man me dijo que hoy revisaba a ver si tenía que inyectarme más la cabeza!- ¡No, todo bien, yo sé que suena feo, pero es una maricada-.

 

-¡Le va a doler un poquito Diego!- Decía el Doctor Castro mientras salía una lágrima lentamente de mi ojo derecho y una vez más sentía cómo el líquido entraba y se desplazaba por una zona medianamente superficial de mi cráneo.

 

Emprendida la misión, ¡quién dijo temor! Almuercito, pal lugar indicado en San Andresito y directo para la E.P.S. ¡Uuuuuuu! Pura rumba. Bueno, llegué al esterilizado recinto del Doctor Castro... no sabía que pasaba, veía que discutía por el teléfono, en ese entonces no pensaba que los médicos tuvieran una vida tan emocionante, ahora entiendo el uniforme maltrecho de la enfermera... ¡Bueno, bueno! ¡viejito me están esperando en La Aburrida, un nombre extraño para el lupanar interno de la mismísima Alma Mater ¡Campus! ¡Campus! No ya no funciona igual, no se siente el mismo regocijo... ya no.

 

-¿Ah?, ¿ah yo le dije que viniera hoy también?, en qué estoy pensando, enfermera, enfermera... eh, perdón, omita eso... ¡Pero es que el tratamiento ya acabó! De ahora en adelante usted es un hombre de nuevo, un hombre presentable en sociedad, bueno tampoco hasta ese punto, pero bueno, tiene pelo, eso es lo importante en esta sociedad. Con permiso tengo una reunión... “privada”-. No puedo explicar lo que sentí en ese momento, ese hombre inexpresivo y tan “promedio”, me había dado la Noticia de mi Vida, cuál grado, cuál matrimonio... ¿creen que eso es gran cosa? ¡Tengo pelo! Volví a la vida, ¡por Dios! Lo llamé antes de que se retirara, pero sonó mi teléfono en ese momento. Cuando pude mirar de reojo el doctor había salido y detrás de él su estetoscopio cayó en el pasillo.  -¡Coronamos! ¡Coronamos!- Le gritaba a James –mientras me tocaba varias zonas del cráneo, ahora pobladas.

 

El recibimiento en el “Campus” se vio un poco plagado de imágenes confusas, pero confusas por la cantidad de productos etílicos de diversas variedades... y calidades, fluctuantes en efectos devastadores para el ser humano. Realmente acá la línea entre la realidad y el vodka se esfumó -como el mismo alcohol- y pues fue necesario realizar una reserva que sería ingerida con celeridad y animosidad un poco más tarde.

 

Pero el problema es que en este momento la historia comienza a dividirse por breves recuerdos semifotográficos que no podría confirmar su veracidad. “El club de los bartolinos”, se llamaba el lugar al que caeríamos literalmente, en brazos de Baco, arrastrándonos como heridos en una batalla perdida desde sus inicios. ¿Por qué estábamos allí?, ¿a quién le importa? Alguien era muy inteligente en el pomposo Colegio San Bartolomé y tenía un acceso a un lugar aburrido pero perfecto para esos pretextos de encontrar un recinto medianamente decente en esas épocas, para convertirlo en una pocilga en pocas horas. ¡Y una vez más lo logramos! Una nueva imagen me remite a una vista un poco extraña del segundo piso del lugar. ¿Era más enano que todos?, ¡qué no! Realmente estaba colgado de uno de los soportes del balcón que comunicaba el primer piso con los pasillos del segundo, en algún momento imaginé que estaba en un balcón de una iglesia de Inglaterra... ¡Ah querido Vodka! ¡cómo te divertiste con mi cerebro! Y con mi hígado, y con mi garganta¡ ¿Quién vomita en el baño mientras abraza a su nueva prometida: el inodoro?

 

-¡Marica en serio, el man del Transmilenio me gritaba que cómo podía cargar a ese gordo hasta la estación, me dijo que yo era muy buen amigo, ¡pues es cierto hijueputa! ¡Y nadie de ustedes me cree! ¡Los odio! ¿Y por qué no hay perras? ¿vamos a volver donde las putas como en el cumpleaños de James? -Evidentemente Alex también había sentido con lujo de detalles los efectos del Vodka en su ser, después se sentó a llorar en el piso, por un rato... hasta que salió corriendo y se golpeó contra una pared.

 

-¡Vamos a mi casa amigos!, ¡lleven al Jairinho que ya ni se puede mover! ¡Allá se acomodan! ¿Qué se creen esos bartolinos? ¡De mejores burdeles me han echado! ¡por lo menos me echaron las mismas putas! -Sí, ahora que lo escribo entiendo por qué me miraban de forma extraña mientras metíamos al cumpleañero al baúl, ¡que linda la fraternidad universitaria!

 

Al no recordar por qué Jairinho, digo Jairito se levantó a la mañana siguiente con una espina de pescado en la boca, por qué el piso azul de mi casa también despertó con una pequeña mancha radioactiva en un punto específico, por qué mi tío estaba ebrio a las ocho de la mañana después de haber ingerido una gran cantidad de jugo de naranja, solo me queda por decir que el Vodka es el elíxir de los dioses, porque solo ellos podrán tomarlo sin recibir las crueles repercusiones de su efecto como aquellos mortales que no han aprendido a respetar los poderes de las sustancias que no están al alcance de sus comprensión... ¡Grandes conclusiones como siempre! Debe ser por los estragos del vodka en mis pocas neuronas vigentes... ¡Salud! 

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