Algo de Luz

Hay pocos que entiendan de fragilidad.

Muchos menos que desfiguren la sobriedad

de ese instante atrozmente delicado.

 

Somos héroes adormecidos por la soberbia,

por no saber o negarse a perdonar.

El poder de absolver, a veces, enajena y no apacigua.

 

Somos titanes cuando se trata de claudicar sin mirar atrás.

Impulsamos olas de despropósitos arrasando oportunidades.

Estamos solos en eso de mantener la espuma en nuestras orillas.

 

Hay pocos capaces de descomponer un error en dos.

Muchos menos que ensaquen la mitad demoledora

para conducirla al amurallado país del borrón y cuenta nueva.

 

Somos expertos de la imperfección.

Damos con una minucia de astilla en la inmensidad de la belleza.

Y señalamos a quien la clava en las profundidades del arenal.

 

Somos torturas para los que se cubren de temblor.

Damos coba a quienes se lavan la boca con burlas anti caries.

Y arrancamos las anginas de quienes sólo les queda un “no puedo más”.

 

Hay pocos predicadores de la empatía.

Muchos menos que la practiquen.

Una secta sin ánimo de lucro, sin futuro alguno.

 

Hay pocos cobradores de risas.

Muchos menos hipotecados al cariño.

Eso no cuenta en el vaivén bursátil.

 

Somos huraños ante el afecto.

Tacaños al compartir “momentos contigo”.

 

Aunque hoy, ahora,

mientras me despejo de tanta realidad,

te diría que pagaría por volver a verte sonreír.

 

Y es que, a pesar de lo que somos,

en lo que nos convertimos o convierten,

siempre necesitamos algo de luz.

 

Y desglosar esa factura, no cuesta nada.

 

Montse Genís

del poemario “Veintidós desvelos y una certeza”

 

DÉJATE LLEVAR

 

Déjate llevar, niña.

No mires atrás, ni delante

ni arriba, ni abajo.

Mira ahora,

a mí,

a mis labios que cambian de color cuando no te veo,

cuando te has ido.

Y no llores,

tus pucheros retuercen mis fuerzas,

las que rehabilito cuando te alejas.

No pienses que quise hacer daño,

sólo participar en tus sueños y ser uno de ellos

o quizá el único.

 

Déjate llevar, mi princesa de ojos dorados.

No mires triste, ni con odio,

ni rabia, ni rencor.

Escóndete que me voy, sin hablar, sin gemir,

sin perdón para serenar tu desgarro.

Y no me sigas,

si abres tus brazos volvería.

No eches la red que recaería en tu boca.

Y no olvides que cuando acariciaba tu risa

te quería con mi vagabunda alma.

 

No más, no más.

Si me quedo rompería tu desbordada dulzura.

Y risueña te amanezco cada día,

cada mes,

cada año deshojado.

 

 

No más, ya no más.

Si regreso descubrirías que mi figura

es sostenida por acordes graves,

de los que atemorizan.

 

Déjate llevar, niña amarilla.

Da la mano al viento,

regala tus pasos a la arena más fina del mundo

y engancha tus dedos al cielo.

No testifiques en mi contra, no te calces de indiferencias cosidas,

no dejes de creer en el amor por haber topado con el rey de los descreídos.

 

Déjate llevar, imaginando que nunca estuve.

No busques pistas en las razones que te di,

no descifres las que omití.

Vivo nublado,

vivo sombrío

y tú fuiste un claro. Mi claro.

Y no grites de furia, impotencia.

No puede ser pues aún no sé quien soy.

Sólo fui cuando apartaste las tormentas de mi garganta.

Y han vuelto y no te quiero cerca de ellas.

 

No más, no más.

Si amarro en este malecón encallarás en mis miedos.

Los que me acunaron.

Desengáñate de mi olor, lo maquillé de seguridad en mí mismo

y ya te he dicho que no existo.

 

Adiós, ilusión.

Sólo por una vez, ésta, la última

tiéndeme una de tus miradas,

las que lapidaban al ogro,

las que admiraban al príncipe que no soy.

 

Gracias, me la guardo.

Y ahora, sé feliz.

Déjate llevar pero no por mí.

 

(La niña se enjuagó los ojos,

y de ellos una única lágrima de oro resbaló a su cuello.

Dicen que quien la mira, quien se prende de esta gota preciosa,

jamás vuelve a sonreír.

Y es que esta joven materializó en esa joya toda su tristeza

cuando terminó de leer esta carta).

 

Montse Genís

del poemario “Veintidós desvelos y una certeza”

 

Montse Genís: Nacida el 1 de junio de 1976. La escritura ya corre por mis venas.

Desde micro relatos, relatos cortos, obras de teatro, guiones de cine y televisión y, siempre, poesía,

Desde Inglaterra pasando por Tomelloso, Valladolid y regresando a mi ciudad natal, Madrid he compartido mis escritos leyendo en emisoras de radio, en recitales poéticos y viendo publicados varios de ellos en revistas digitales.

Mis inquietudes de escribir y ayudar a personas me llevaron a la creación del proyecto LA VOLUNTAD DE UN POEMA. INSPIRANDO AL MUNDO (www.inspirandoalmundo.com) con el que doy mis poemas a cambio de la voluntad donada a causas solidarias. La Cruz Roja, ADAEM (Asociación de Afectadas por Endometriosis de Madrid) y Bokatas (Asociación de ayuda a personas sin techo) me dieron la oportunidad de colaborar conjuntamente  siendo experiencias, realmente, fantásticas.

Publicando el poemario Veintidós desvelos y una certeza (Ediciones Pastora. Un café con literatos) he logrado un sueño, de los más altos, de esos vecinos de la luna.

Y ahora a seguir.

Autor: Montse Genís

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